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Colorear y dibujar, un reto para las salvadoreñas en el área rural

Para algunas personas, colorear y dibujar puede ser una actividad muy natural, relajante e incluso terapéutica casi como cualquier otra, si nos encontramos familiarizadas con estas acciones. Otras personas podrán contar que no se sienten muy seguras por temor a no hacerlo bien o consideran que es una actividad exclusiva para niñas y niños. Sin embargo, ¿qué significa colorear y dibujar específicamente para las emprendedoras del Proyecto de Empoderamiento de Mujeres?

Al empezar con un nuevo grupo de emprendedoras, como lo hemos hecho en Tepecoyo  y en San Ramón este año, poco a poco conocemos sus historias y experiencias personales. En San Ramón, la mayoría de participantes actuales han cursado hasta bachillerato o noveno grado. No obstante, el panorama en Tepecoyo es distinto.

Los centros educativos y de salud se encuentran distantes y las actividades agrícolas y de crianza de animales aún son una fuente de ingresos para las familias de la zona. Por tanto, pocas participantes han finalizado el bachillerato y varias aunque cursaron algunos grados escolares, tuvieron que dejar de estudiar. También algunas aprendieron a leer y escribir por su cuenta pero otras no pueden leer y escribir por completo.

A pesar de estas diferencias, hay elementos comunes en sus vidas por el hecho de ser mujeres. Evaluar la condición de ser mujer en El Salvador casi siempre va acompañado de una constante segura como la negación sistemática y estructural de derechos relacionados a necesidades básicas como el acceso a educación y a una vida libre de violencia, por solo mencionar un par. Asimismo, los roles de género tienen un papel importante al esperarse que sean cuidadoras y responsables de las tareas domésticas desde edades tempranas siendo esta situación más crítica en zonas rurales.

Las participantes del Proyecto no se han visto exentas de estas expectativas y en muchos casos sus procesos educativos fueron interrumpidos (y en algunos, incluso no se iniciaron) o tuvieron que llevar la escuela a la par de otras responsabilidades para poder aportar económicamente a sus familias, hacerse cargo del cuido de hermanas y hermanos, iniciar una familia por su cuenta, entre otras vivencias.

No obstante, las escuelas tampoco han sido siempre espacios seguros para las niñas y los niños. Las estrategias educativas tradicionales han fallado y no han tenido como prioridad integrar a niños y niñas con dificultades de aprendizaje y a niños y niñas que viven en circunstancias adversas así como fomentar el pensamiento creativo.

Pero poder atender estas necesidades también se vuelve problemático cuando consideramos la sobrecarga laboral que afrontan, incluso en la actualidad, las profesoras y los profesores. Así, para varias de las participantes hablar de la escuela (de quienes pudieron asistir a una) es también recordar episodios donde era difícil encajar, más si eran vistas como si ellas eran las del problema si no entendían algo o no podían hacerlo como el resto.

Con este contexto como parte de sus historias de vida, no es de extrañar que cuando en un taller se menciona que vamos a dibujar y colorear, se sientan inseguras. Los comentarios más usuales para estas actividades eran: “¿Qué puedo dibujar en esta parte?”, “No se me viene nada a la mente”, “Yo no sé dibujar/no soy buena en esto” o “Disculpen que casi no se entiende mi dibujo”. Son preocupaciones válidas.

Para casi todas es la primera vez en años o en su vida que tienen tiempo y acompañamiento para poner en papel sus ideas, sueños y preocupaciones que como personas y más importante, como mujeres tienen pero por esa misma condición de ser mujer se ven relegados o se les resta importancia.

Como equipo el principal objetivo es procurar que las actividades puedan disfrutarse en vez de generar frustración. Con esto en mente, cuando esta situación fue identificada con uno de los grupos, se revisaron las estrategias que pudieran facilitar el proceso y fuera una actividad segura para todas. Se llegó a una conclusión, ¿porque no dar un paso atrás y hacemos un tiempo para experimentar primero con los materiales y las sensaciones?.

Fue de esta forma que en un taller de empoderamiento personal, hubo un espacio definido para poder tomar una página de papel construcción y un yeso pastel de un color que les llamara la atención. Poco a poco dividiendo la página en cuatro partes, fueron llenandola de color.

Después se iniciaron las actividades programadas para el resto del taller de ese día enfocado en la comunicación consigo mismas pero con una diferencia notoria por parte del grupo: estaban animadas y entusiasmadas de compartir sus experiencias  en cada una de las actividades a diferencias de talleres previos en los que se sentían cohibidas.

Algo había cambiado y es que para el Proyecto de Empoderamiento de Mujeres es de vital importancia reconocer y dar apertura a las experiencias de nuestras participantes por medio de actividades que les permitan expresarse y sentirse seguras más que desarrollar un contenido de una forma ajena a sus realidades. 

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