¡Día de las maestras y los maestros!

Detengámonos un momento a pensar sobre la situación social en El Salvador, recordemos todos los titulares de los periódicos, los noticieros, lo que vemos y observaremos en nuestra comunidad no es tan diferente a la situación en que se vive en Palestina donde la violencia es el pan de cada día. Esta violencia ha llegado a ser tan normal y cotidiana. Pero, ¿Qué es lo que nos mantiene firmes ante las adversidades sociales que se enfrenta la profesión docente? La vocación.

La vocación según la RAE es “inclinación a un estado, una profesión o una carrera” pero más bien la definiría como “la pasión por ayudar a la niñez y a las familias con un espíritu de servicio, dedicación y compromiso.” Con esto definimos que para unos docentes es una vocación y para otros, un trabajo remunerado, una profesión más. La diferencia es que si trabajamos por vocación somos remunerados por hacer lo que más nos gusta.

Para llevar a cabo esta tarea es necesario que la docente esté capacitada. Pero no es necesario que sea una experta en cada área, sino que esté llena de pasión, de amor por la práctica y tenga la capacidad de comprometerse. Hay algunas características que un docente de primera infancia con vocación debería tener, aquí están algunas de ellas:

En primer lugar, cabe destacar que una docente con vocación es comprometida con lo que hace y está consciente de la tarea que tiene en sus manos, ella es quien tiene la capacidad de reflexionar sobre su práctica. Ya que sabe percibir y admitir cuando se equivoca y se esfuerza con sinceridad en considerar que debe desaprender y aprender diversas actitudes. Por otro lado, también es indispensable que en la práctica se sepa renovar el sentimiento de entusiasmo e involucrar a la niñez a través de la pasión.

Segundo, es nunca aburrirse de los juegos, cantos, bailes y por supuesto de llenarse las manos de pintura y pegamento. Es también pasar días enteros cantando canciones infantiles que se clavan en la mente. En el Centro de Desarrollo Infantil es reírse de todo y de nada y pedirle al sol todos los días para que salga.

Tercero, es mantener una constante celebración porque los pequeños logros en el desarrollo provocan una gran fiesta y es también, retarse cada día para que la niña y el niño alcance sus metas. Es además, hacer un impacto en el aprendizaje de ese niño o niña. En resumen, es irse a la cama todos los días pensando en qué juego, lecciones de rincón, taller, etc., iniciaré al día siguiente.

Cuarto, es hacer de sus conflictos mis conflictos, porque también a la cama no solo nos llevamos sus necesidades de desarrollo sino también sus necesidades emocionales. Es pensar en cómo apoyarles en sus situaciones de una manera individual y colectiva.

Quinto, es contagiarse de las preguntas divertidas y maravillarse de la naturaleza. Y también, tener empatía en sus llantos cuando dicen que quieren ver a su “mami” o a su “papi”. Además, nos llenamos de remedios como “los abrazos mágicos” o de “risitas contagiosas” para cuando se sienten enfermos o tristes. En otras palabras, es tener siempre una solución creativa. Por eso las docentes tenemos pensamiento creativo.

Debemos entender que cuando se trabaja por vocación nuestros alumnos encuentran en las aulas un lugar seguro donde además de aprender pueden ser libres y confiar en que en su maestra o maestro tienen un apoyo incondicional. Maestra, recuerda que, las niñas y los niños aprenden más de los y las maestros que aman.

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